Primero, la revisión: cuándo retomar
No existe un plazo único que sirva para todas. Cada parto es distinto: no se recupera igual un parto vaginal sin complicaciones que uno con desgarro, episiotomía o cesárea, y el sangrado posparto (loquios) también tiene su propio ritmo. Por eso, la recomendación prudente es esperar a la revisión posparto y preguntar directamente a tu matrona o ginecólogo si ya puedes introducir algo en la vagina o si, de momento, es mejor limitarse a estimulación externa. Si tienes dolor, puntos que molestan, sangrado que no remite, fiebre o cualquier síntoma que te preocupe, consúltalo antes de usar ningún juguete.
También es normal no tener ganas durante semanas o meses. El cansancio, la falta de sueño, la lactancia y los cambios en la imagen corporal influyen, y no hay ninguna prisa ni obligación. Un juguete es una opción, no un deber.
Materiales: qué mirar en la etiqueta
Para cualquier juguete que vaya a estar en contacto con mucosas, lo más recomendable es elegir materiales no porosos y fáciles de limpiar, como la silicona de calidad (a menudo anunciada como «silicona médica» o «body-safe»), el vidrio de borosilicato o el acero inoxidable. Los materiales porosos, como el «jelly», el PVC blando o ciertos elastómeros baratos, retienen suciedad con más facilidad y algunos pueden contener ftalatos, unos plastificantes que conviene evitar. Si el fabricante no indica claramente el material, es mejor descartarlo.
Si tienes alergia al látex, revisa también que ni el juguete ni los preservativos o fundas que uses con él lo contengan.
Intensidad y forma: empezar por lo suave
Después del parto la zona puede estar más sensible, así que tiene sentido buscar juguetes con varios niveles de intensidad que empiecen muy bajo, de modo que puedas subir poco a poco o parar en cuanto algo moleste. Los estimuladores externos (de clítoris o de uso sobre la vulva) permiten explorar sin penetración, algo útil si todavía no te han dado el visto bueno para ella o si simplemente no te apetece. Si más adelante quieres un juguete de inserción, suele ser más cómodo empezar por uno de tamaño pequeño y forma sencilla.
Otros detalles prácticos que marcan la diferencia en el día a día: que sea recargable, que sea silencioso si compartes habitación con el bebé y que sea resistente al agua, lo que facilita mucho la limpieza.
Lubricante: casi siempre ayuda
La sequedad vaginal es una molestia frecuente en el postparto, sobre todo durante la lactancia. Un lubricante puede hacer la experiencia mucho más cómoda. Con juguetes de silicona, usa lubricante a base de agua: los lubricantes de silicona pueden deteriorar la superficie de algunos juguetes de ese mismo material. Si la sequedad es intensa o persiste, coméntalo con tu matrona o ginecólogo, que puede valorar si hay otras opciones.
Higiene y cuidado del juguete
Lava el juguete antes del primer uso y después de cada uso, siguiendo las instrucciones del fabricante: normalmente basta con agua tibia y un jabón neutro, o un limpiador específico para juguetes. Sécalo bien y guárdalo en una bolsa o funda propia. Si lo compartes con tu pareja, límpialo entre usos o utiliza un preservativo nuevo cada vez.
¿Y el suelo pélvico?
Es habitual oír que ciertos juguetes «ayudan a recuperar» el suelo pélvico. Un vibrador es un juguete de placer, no un tratamiento. Si notas pérdidas de orina, sensación de peso en la zona vaginal o dolor en las relaciones, lo indicado es consultar con tu matrona, tu ginecólogo o un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico, que pueden valorar tu caso y recomendarte ejercicios o dispositivos concretos si los necesitas.