Qué depende de ti y qué no
La palabra «enamorar» engaña, porque sugiere que existe una secuencia de pasos que, bien ejecutada, produce un sentimiento en otra persona. No funciona así con nadie, y con quien viene de una relación larga todavía menos: está reorganizando su vida, su identidad y a veces su economía y su casa, y el lugar que tú ocupes en ese proceso depende sobre todo de cosas que no controlas. Su momento vital, lo que le quede por cerrar con su expareja, su forma de vincularse y sus ganas reales de empezar algo nuevo no se negocian con técnica.
Lo que sí controlas es bastante, aunque menos espectacular que un truco: cómo te comportas, qué transmites, qué pides y qué no, cuánto espacio dejas y con qué claridad hablas. Eso es lo que convierte a alguien en una persona con la que apetece estar cuando uno sale de una etapa difícil. La diferencia entre seducir y crear condiciones es de fondo: la seducción busca un resultado en el otro; crear condiciones busca que la relación, si llega, salga bien para los dos.
No compites con su pasado. Como mucho, compites con el cansancio, el miedo y la confusión de su presente, y eso no se gana presionando: se gana siendo un lugar tranquilo.
Hay una segunda idea que conviene tener clara desde el principio: también puede no salir. Puedes hacerlo todo con cuidado y descubrir que esa persona necesita estar sola una temporada, o que lo vuestro era una transición. Eso no significa que lo hayas hecho mal. Aceptarlo desde el inicio te protege y te quita la tentación de forzar las cosas.
Y una tercera, más incómoda: si lo que te atrae es precisamente la idea de «rescatar» a alguien que lo está pasando mal, conviene que lo mires con honestidad. Querer cuidar es bonito; necesitar que el otro te necesite es una base frágil para cualquier relación.
Qué suele vivir alguien que sale de una relación larga
No hay dos rupturas iguales, y no es lo mismo cerrar un matrimonio de quince años con hijos que una convivencia de cinco sin papeles. Aun así, hay procesos que se repiten con frecuencia y que conviene conocer para no tomártelos como algo personal.
Un duelo, aunque la ruptura la decidiera esa persona
Terminar una relación larga implica perder una pareja, pero también una rutina, un proyecto de futuro, amistades compartidas, a veces una familia política y una casa. Aunque haya sido quien tomó la decisión, e incluso aunque sienta alivio, es habitual que aparezcan tristeza, culpa, rabia o nostalgia en momentos inesperados: una fecha señalada, una canción, un trámite que antes hacían juntos. Estos altibajos no significan que quiera volver ni que tú no le importes; significan que está procesando una pérdida real.
La teoría del apego, que parte de los trabajos de John Bowlby (Attachment and Loss, 1969) y que Cindy Hazan y Phillip Shaver (1987) trasladaron a la pareja adulta, ayuda a entender por qué: una pareja de años funciona como figura de apego, y separarse de ella activa respuestas parecidas a las de otras pérdidas importantes. No hay un calendario universal para recuperarse. La regla popular de «se tarda la mitad de lo que duró la relación» no tiene un respaldo empírico sólido; cada persona lleva su ritmo, y ese ritmo rara vez es una línea recta.
Una identidad que hay que reconstruir
Tras años en pareja, muchas decisiones se tomaban en plural: dónde vivir, qué hacer el fin de semana, qué música sonaba en casa. Al separarse, algunas personas descubren que no saben bien qué les gusta a ellas solas. Erica Slotter, Wendi Gardner y Eli Finkel (2010) estudiaron este fenómeno y observaron que las rupturas pueden reducir la claridad del autoconcepto, esa sensación de saber quién eres, y que esa confusión se asocia con más malestar emocional.
En la práctica, esto se traduce en cambios que desde fuera pueden parecer contradictorios: apuntarse a muchas actividades a la vez, pasar temporadas muy retraídas, cambiar de estilo, recuperar amistades que se habían descuidado. Si estás cerca, lo más útil es acompañar esa búsqueda sin intentar llenarla con tu propia agenda. Una persona que se está reencontrando necesita espacio para descubrir qué quiere, no a alguien que le diga qué debería querer.
Un ritmo condicionado por la logística
Separarse después de muchos años suele traer trámites y mudanzas: repartir bienes, vender o alquilar una vivienda, cambiar cuentas y suministros, reorganizar horarios con los hijos si los hay, tal vez un procedimiento de divorcio. Esa carga consume energía y tiempo. Si alguien te contesta tarde, cancela un plan o parece disperso, antes de concluir que no le interesas considera que quizá tiene la cabeza llena de asuntos que todavía no te cuenta.
Miedo a repetir (o a no saber hacerlo de otra forma)
Quien sale de una relación larga suele cargar con dos miedos a la vez. Uno es repetir lo que salió mal: la misma dinámica de discusiones, la misma renuncia a sí mismo, la misma desconexión. El otro es más silencioso: no saber cómo se empieza una relación a estas alturas, porque la última vez que lo hizo tenía otra edad, otras costumbres y otras reglas. Las aplicaciones de citas, los códigos de la mensajería o la forma de hablar de sexo pueden haber cambiado mucho desde entonces, y eso genera inseguridad aunque no se diga en voz alta.
También alivio y crecimiento
No todo es pérdida. Ty Tashiro y Patricia Frazier (2003) preguntaron a personas que acababan de romper qué cambios positivos notaban, y la mayoría describía alguno: más independencia, más claridad sobre lo que querían en una pareja, mejores relaciones con sus amistades. Alguien que viene de una relación larga puede llegar con mucha claridad sobre lo que no quiere repetir, y eso, bien llevado, juega a tu favor: tendrá menos paciencia con los juegos y más aprecio por la honestidad.
¿Disponibilidad emocional o relación rebote?
La gran pregunta de quien empieza a conocer a alguien recién separado es si esa persona está realmente disponible o si tú vas a ser una transición. No hay un test infalible, pero sí señales que, vistas en conjunto y durante un tiempo, dicen bastante.
Qué se entiende por relación rebote
Se habla de relación rebote cuando alguien empieza una relación nueva sobre todo para no sentir la ruptura anterior: para distraerse, para reforzar la autoestima, para demostrar algo a la expareja o para no quedarse a solas con el vacío. El problema no es tanto el tiempo transcurrido como la función que cumple la nueva relación. Claudia Brumbaugh y R. Chris Fraley (2015) investigaron este tipo de relaciones y sus resultados cuestionan la idea de que todo lo que empieza poco después de una ruptura esté condenado de antemano. Dicho de otro modo: el calendario por sí solo te dice poco; importa más qué busca esa persona contigo.
Señales de que puede estar disponible
- Habla de su expareja con cierta calma, sin necesidad de demonizarla ni de idealizarla, y sin que ocupe la mitad de cada conversación.
- Tiene curiosidad por ti: pregunta, recuerda lo que le cuentas y se interesa por tu vida más allá de cómo le haces sentir.
- Es capaz de estar bien a solas y tiene vida propia: amistades, aficiones y planes que no dependen de ti.
- Te dice con claridad qué puede ofrecerte ahora, aunque sea poco, en lugar de dar respuestas vagas o contradictorias.
- Los asuntos prácticos de la separación están encauzados, aunque no terminados: sabe dónde vive, cómo se organiza y qué le queda por resolver.
- Su interés es constante. No aparece con mucha intensidad para desaparecer después durante semanas sin explicación.
Señales de que aún no lo está
- Sigue en contacto intenso con su expareja por motivos que no son logísticos, o la conversación siempre acaba volviendo a ella.
- Te compara a menudo, para bien o para mal: «tú no eres como…», «con mi ex esto era distinto».
- Busca en ti sobre todo consuelo y apoyo emocional, como si fueras su terapeuta, y queda poco espacio para conocerte.
- Quiere avanzar muy deprisa (convivir, presentarte a toda su familia, hablar de futuro a las pocas semanas) o, al revés, se bloquea ante cualquier pequeño compromiso.
- Publica o comenta en redes con la intención evidente de que su expareja lo vea.
- Te dice abiertamente que no quiere nada serio, y tú esperas que cambie de opinión.
Esta última merece una línea aparte: si alguien te dice que ahora no puede comprometerse, créelo. Puede cambiar, claro, pero construir tus expectativas sobre la esperanza de que cambie suele acabar mal para ti.
Cómo preguntarlo sin convertirlo en un interrogatorio
Es legítimo querer saber dónde estás, y la mejor forma de averiguarlo es preguntarlo. No hace falta una conversación solemne en la segunda cita. Funciona mejor algo sencillo y sin presión, en un momento tranquilo: «Me gusta cómo va esto. Sé que vienes de algo largo y no quiero agobiarte, pero me ayudaría saber cómo lo estás viviendo tú». Después, escucha la respuesta sin corregirla ni negociarla. Si te dice que todavía no lo sabe, puedes decidir si esa incertidumbre te compensa durante un tiempo, pero no intentes convencerle de que sí lo sabe.
Señales verdes y rojas: tabla comparativa
Ninguna señal aislada es concluyente. Fíjate en patrones que se repiten durante semanas, no en un día bueno o en uno malo.
| Aspecto | Señal verde | Señal roja |
|---|---|---|
| Cómo habla de su ex | Con calma, reconociendo luces y sombras | Con rabia constante o con una nostalgia idealizada |
| Contacto con la expareja | Limitado a hijos, trámites o una cordialidad estable | Mensajes frecuentes sin motivo práctico y recaídas |
| Interés por ti | Pregunta, recuerda detalles, quiere conocerte | Te usa sobre todo para desahogarse |
| Ritmo | Avanza de forma gradual y lo habla contigo | Acelerón intenso o bloqueo ante cualquier plan |
| Coherencia | Lo que dice y lo que hace coinciden | Promesas grandes y ausencias largas sin explicación |
| Vida propia | Tiene amistades, aficiones y espacio personal | Depende de ti para no sentir soledad |
| Comparaciones | Poco frecuentes y sin carga | Constantes, para bien o para mal |
| Redes sociales | Uso normal, sin mensajes indirectos | Publicaciones pensadas para que la expareja las vea |
| Expectativas | Te dice con claridad qué puede ofrecer ahora | Respuestas vagas que cambian según el día |
| Límites | Respeta los tuyos y expresa los suyos | Te pide que esperes sin fecha y sin conversación |
Cómo acercarte con respeto
Si las señales son razonablemente buenas y a ti te apetece seguir, lo que marca la diferencia es la forma. No hay trucos, pero sí actitudes que facilitan que una persona con heridas recientes se sienta cómoda a tu lado.
Paciencia, pero sin desaparecer
Respetar su ritmo no significa quedarte en segundo plano esperando a que te llame. Significa proponer sin exigir: invitar a un plan y aceptar un «esta semana no puedo» sin reproches, mandar un mensaje sin reclamar respuesta inmediata, mostrar interés de forma estable. La paciencia que ayuda es la que transmite «aquí estoy, sin prisa»; la que hace daño es la que se acumula en silencio y un día estalla en forma de reproche.
Comunicación clara desde el principio
Alguien que viene de una relación larga probablemente ha vivido años de sobreentendidos, y agradece que las cosas se digan. Cuenta lo que te gusta de estar con esa persona, lo que buscas y lo que no. Si algo te molesta, dilo pronto y en tono sereno, antes de que se convierta en un problema. John Gottman, que ha dedicado décadas a estudiar parejas, habla de los intentos de conexión (bids, en su terminología; Gottman y DeClaire, 2001): pequeños gestos con los que una persona busca la atención de la otra, como comentar algo que ha visto o mandar una foto. Responder a esos intentos, aunque sea con poco, construye más confianza que cualquier gran gesto.
Otra idea útil sale del experimento de Arthur Aron y su equipo (1997) sobre cercanía interpersonal: la intimidad crece cuando dos personas se van contando cosas cada vez más personales de forma gradual y recíproca. No se trata de copiar su famoso cuestionario, sino de entender el principio: la apertura funciona cuando va en las dos direcciones y a un ritmo que ambos podéis sostener. Si solo se abre una de las partes, lo que se crea no es intimidad, sino dependencia.
No compitas con la expareja
Es tentador querer ser «mejor» que la persona anterior, o convertirte en todo lo que aquella no fue. Esa competición te coloca en un lugar incómodo: tu valor pasa a medirse con una referencia que no es tuya. Además, cualquier comentario negativo sobre su ex, aunque parezca que te da la razón, puede despertar en esa persona la necesidad de defender una parte importante de su vida.
Lo más sano es dejar que hable de su pasado cuando lo necesite, escuchar sin juzgar y no sacar el tema tú para compararte. No hace falta fingir que esa relación no existió: fue parte de su vida durante años y, si hay hijos, seguirá presente. Tu objetivo no es borrar esa historia, sino construir otra distinta.
La pregunta útil no es «¿soy mejor que su ex?», sino «¿estamos construyendo algo que funcione para los dos?».
Tus límites también cuentan
Acompañar a alguien en una etapa difícil no te obliga a aceptarlo todo. Tienes derecho a decir que no te sienta bien que cancele planes sin avisar, que te incomoda que siga quedándose a dormir en casa de su ex «por comodidad» o que necesitas saber, en un plazo razonable, si esto va en serio. Poner límites no es presionar: es dar información sobre lo que tú necesitas para estar bien. Si esa persona no puede respetarlos ahora, es un dato importante para tu decisión.
Crea una historia vuestra
Una relación nueva no debería parecerse a una versión corregida de la anterior. Propón planes que no tengan que ver con su vida pasada: sitios nuevos, actividades que ninguno de los dos haya probado, rutinas propias. No es cuestión de gastar dinero ni de impresionar, sino de acumular experiencias compartidas que no remitan al pasado. Con el tiempo, esos recuerdos comunes son lo que da sustancia a una relación.
Intimidad al ritmo de los dos
Después de muchos años con una misma persona, volver a tener intimidad con alguien nuevo puede traer ilusión, pero también nervios, inseguridad con el propio cuerpo o dudas sobre qué se espera. Pregunta, escucha y no des nada por hecho. El consentimiento se renueva en cada encuentro y cualquiera de los dos puede parar en cualquier momento. Si a esa persona le cuesta, no lo interpretes como rechazo: dale tiempo y habladlo fuera del momento, con calma.
Si hay hijos o custodia compartida
Cuando la persona que te interesa tiene hijos con su expareja, la relación incluye desde el principio a más gente. No es un obstáculo insalvable, pero sí exige ajustar expectativas.
La agenda manda
Con custodia compartida o un régimen de visitas, el tiempo libre se organiza por semanas o por días alternos, y los planes improvisados se reducen. Si esperas la disponibilidad de alguien sin hijos, te vas a frustrar. Pregunta cómo se organiza y adáptate a esa estructura: las semanas sin hijos pueden ser las vuestras, y las semanas con ellos quizá solo den para una llamada. Que los hijos vayan primero no dice nada malo de lo que siente por ti.
Conocer a los hijos, sin prisas
Presentar una pareja nueva a los hijos es una decisión que corresponde a sus padres, no a ti. Lo razonable es que ocurra cuando la relación tenga cierta estabilidad, que se haga de forma gradual y adaptada a la edad de los niños, y que no se les pida que te acepten como figura de autoridad. No insistas en conocerlos ni lo conviertas en una prueba de compromiso. Si ya los conoces, tu papel es ser un adulto amable y fiable, no sustituir a nadie.
La otra madre o el otro padre seguirá ahí
Con hijos de por medio, la expareja no desaparece: habrá mensajes sobre el colegio, cambios de horario, cumpleaños y quizá celebraciones compartidas. Esa comunicación es necesaria y no tiene por qué ser una amenaza para ti. Tampoco es tu papel intervenir en las decisiones sobre la custodia, la pensión o la educación de los niños, ni opinar sobre el convenio regulador. Si la relación entre los progenitores es conflictiva, lo más útil que puedes hacer es no echar leña al fuego y no hablar mal del otro progenitor delante de los niños.
Si quieres profundizar en esta situación, tenemos una guía específica sobre cómo acercarte a alguien con hijos.
Errores frecuentes y tácticas que conviene olvidar
Buena parte de lo que circula sobre cómo «conquistar» a alguien recién separado se basa en manipular sus inseguridades. Además de ser poco ético, suele salir mal con alguien que acaba de dejar una relación y está especialmente atento a lo que no quiere repetir.
Hacer de terapeuta
Escuchar es bueno; convertirte en su principal fuente de apoyo emocional, no. Si cada cita se transforma en una sesión sobre su ruptura, la relación se construye sobre un desequilibrio: tú sostienes y esa persona se desahoga. Cuando mejore, puede que ya no te necesite en ese papel y la relación pierda su razón de ser. Anímale a buscar apoyo también en sus amistades y, si hace falta, en un profesional.
Presionar para poner etiquetas
Preguntar qué sois es legítimo, como has visto más arriba. Presionar para que lo defina ya, o plantear ultimátums a las pocas semanas, suele provocar lo contrario de lo que buscas. Una cosa es expresar lo que necesitas y otra exigir una respuesta que la otra persona todavía no tiene.
Jugar a la escasez o dar celos
Tardar horas en contestar a propósito, fingir desinterés, mencionar a otras personas para despertar celos o seguir «reglas» del tipo esperar tres días antes de escribir: son estrategias que juegan con la inseguridad del otro. Con alguien que viene de una relación larga, y que quizá ya se siente inseguro, pueden generar atención a corto plazo a base de ansiedad, pero lo que construyen es una relación asentada en la incertidumbre.
Bombardear con atención
El extremo opuesto también falla: regalos constantes, mensajes a todas horas, declaraciones intensas muy pronto, planes de futuro en la primera semana. Aunque la intención sea buena, puede resultar abrumador para alguien que necesita recuperar su espacio, y se parece demasiado a dinámicas de control que conviene evitar.
Exigir que corte todo contacto con su ex
Salvo en situaciones de maltrato, en las que el contacto cero puede ser necesario por seguridad, exigir que alguien deje de hablar con su expareja suele ser un error, sobre todo si hay hijos, amistades comunes o asuntos pendientes. Es razonable pedir transparencia y que ese contacto no invada vuestra relación; no lo es revisar sus mensajes ni controlar con quién habla.
Hablar mal de su expareja
Aunque sea esa persona quien critique a su ex, sumarte a la crítica te coloca en una posición delicada. Hoy te lo agradece; mañana puede sentir que has juzgado a alguien que fue importante en su vida, o a la madre o el padre de sus hijos. Escucha, valida lo que siente y guárdate tu opinión sobre la otra persona.
Tomártelo todo como algo personal
Un día de bajón, un mensaje sin responder o una cancelación de última hora no siempre tienen que ver contigo. Pregunta antes de interpretar. Si los desplantes se repiten y no llega ninguna explicación, entonces sí es un dato a tener en cuenta.
Olvidarte de tu propia vida
El error más frecuente es también el más silencioso: organizar tu tiempo en función de su disponibilidad, dejar de lado tus planes y tus amistades para estar siempre a mano. Te deja en una situación vulnerable si la relación no prospera y, de paso, pone sobre la otra persona una responsabilidad que no le corresponde. Mantener tu vida te hace más interesante y te protege.
Qué suele ayudar y qué suele salir mal
| Situación | Lo que suele ayudar | Lo que suele salir mal |
|---|---|---|
| Cancela un plan | Aceptarlo y proponer otro día | Reprochárselo o castigar con silencio |
| Habla de su ex | Escuchar y validar lo que siente | Opinar, criticar o compararte |
| Tiene un día malo por la ruptura | Preguntar qué necesita | Tomártelo como rechazo o intentar arreglarlo todo |
| No sabe todavía qué quiere | Decir qué necesitas tú y decidir con esa información | Esperar indefinidamente sin decir nada |
| Tiene semanas con sus hijos | Adaptar vuestros planes a su calendario | Competir con el tiempo de los niños |
| Quiere ir muy deprisa | Frenar con cariño y hablar del ritmo | Dejarte llevar por la intensidad sin preguntar |
| Te pide espacio | Dárselo y acordar cuándo volver a hablar | Insistir o desaparecer sin avisar |
Cuándo recomendar terapia (y a quién acudir)
Pasar por el final de una relación larga con tristeza, insomnio o altibajos es normal. Hay situaciones, sin embargo, en las que el malestar se prolonga o se intensifica y conviene contar con ayuda profesional. No te corresponde diagnosticar, pero sí puedes sugerirlo con tacto si ves que la situación le supera.
Señales de que puede necesitar apoyo profesional
- La tristeza, la ansiedad o la apatía se mantienen durante mucho tiempo y le impiden trabajar, dormir o cuidar de sí.
- Recurre al alcohol, a otras sustancias o a conductas compulsivas para no pensar en la ruptura.
- No consigue dejar de pensar en su expareja, revisa sus redes de forma obsesiva o no puede centrarse en nada más.
- Repite una y otra vez los mismos patrones en relaciones nuevas y eso le preocupa.
- La relación anterior fue de control, desprecio o violencia, y arrastra miedo, culpa o dificultad para confiar.
- Expresa desesperanza o ideas de hacerse daño.
Qué tipo de profesional buscar
La atención psicológica sanitaria en España la prestan psicólogos generales sanitarios (con el máster habilitante) o especialistas en psicología clínica, y deben estar colegiados en el Colegio Oficial de la Psicología de su comunidad autónoma. Puedes comprobar la colegiación en el buscador del colegio correspondiente. Desconfía de quien ofrezca «terapia para recuperar o conquistar a alguien» sin titulación sanitaria y de cualquiera que prometa resultados garantizados en el amor.
La terapia individual ayuda a elaborar el duelo y a entender qué pasó en la relación anterior. Si ya estáis en pareja y el pasado pesa en vuestra relación, también existe la terapia de pareja, pero no debería usarse para «arreglar» a una de las dos personas.
Si hay violencia o riesgo
Si la persona que te interesa sale de una relación en la que sufrió violencia de género, el 016 es el teléfono de atención gratuito y confidencial, que no deja rastro en la factura. Si expresa ideas de suicidio, podéis llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas, o al 112 ante una emergencia. En estas situaciones, tu papel es acompañar y facilitar que reciba ayuda, no sustituir a los profesionales.
Tú también puedes necesitarla
Acompañar a alguien en un proceso así remueve cosas propias: inseguridades, miedo al abandono, experiencias pasadas. Si notas que la relación te genera más ansiedad que bienestar, o que te cuesta poner límites, hablarlo con un profesional también es una buena decisión.
Cuándo seguir y cuándo retirarte
No hay una fecha límite universal, pero sí puedes hacerte algunas preguntas cada cierto tiempo para saber si la relación avanza o si estás esperando algo que no llega.
- ¿La relación crece, aunque sea despacio, o lleváis meses en el mismo punto?
- ¿Te sientes bien la mayor parte del tiempo o vives pendiente de sus señales?
- ¿Habéis podido hablar de expectativas, o cada vez que lo intentas se esquiva el tema?
- ¿Se respetan tus límites?
- ¿Hay reciprocidad en el interés, el esfuerzo y el cuidado?
Si las respuestas son mayoritariamente positivas, la paciencia tiene sentido: estás acompañando un proceso que avanza. Si no, puede ser el momento de decirlo con honestidad y tomar distancia. Retirarte no es un fracaso ni una táctica para que te eche de menos: es respetar tu tiempo y el suyo. Dilo con claridad y sin reproches, y deja la puerta abierta solo si de verdad estás dispuesto a volver a hablar más adelante.
Acompañar un proceso es distinto de esperar indefinidamente. Lo primero construye; lo segundo, a la larga, desgasta a los dos.
Si en algún momento eres tú quien necesita cerrar una etapa, en nuestra guía sobre cómo superar una ruptura sin volver encontrarás pautas para hacerlo.
Fuentes y cómo leerlas
Las investigaciones citadas en esta guía sirven para entender procesos generales, no para predecir lo que hará una persona concreta. Muchas se hicieron con muestras de estudiantes universitarios o de países anglosajones, y describen tendencias, no reglas. Este artículo es divulgativo: no sustituye la valoración de un profesional de la psicología.
- Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss. Vol. 1: Attachment. Basic Books.
- Hazan, C. y Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511-524.
- Aron, A., Melinat, E., Aron, E. N., Vallone, R. D. y Bator, R. J. (1997). The experimental generation of interpersonal closeness. Personality and Social Psychology Bulletin, 23(4), 363-377.
- Gottman, J. M. y DeClaire, J. (2001). The Relationship Cure. Crown Publishers.
- Tashiro, T. y Frazier, P. (2003). «I'll never be in a relationship like that again»: Personal growth following romantic relationship breakups. Personal Relationships, 10(1), 113-128.
- Slotter, E. B., Gardner, W. L. y Finkel, E. J. (2010). Who am I without you? The influence of romantic breakup on the self-concept. Personality and Social Psychology Bulletin, 36(2), 147-160.
- Brumbaugh, C. C. y Fraley, R. C. (2015). Too fast, too soon? An empirical investigation into rebound relationships. Journal of Social and Personal Relationships, 32(1), 99-118.